miércoles, 21 de octubre de 2009

FELIZ CUMPLE LAURA

jueves, 15 de octubre de 2009

FRIKADAS NOSTALGICAS

Si hay unos juguetes que hicieron las delicias de los niños y niñas de los 70 y 80 fueron los sobres sorpresa. Los había para niños y para niñas. Dentro de los de niños los había de soldados, de indios y vaqueros y de montar tu propio coche o avión (precursores de los juguetes de montar de los kinder :P)

Entre los sobres de niñas los temas eran otros: pescaría, frutería o cualquier otro tipo de tienda, de cocinitas, de cuidadora de bebés... Estos últimos los recuerdo con especial cariño porque aunque todo era de plástico del mismo color, me encantaban los muñequitos de una sola pieza que traían y que podías meter sin ninguna dificultad en el bolsillo :)

Supongo que todos los de mi quinta los recordareis igual que yo, porque eran juguetes que casi todos nos podíamos permitir, por su bajo coste y por venderse en cualquier kiosco que tuvieras a mano.

Este año en la feria de muestras, mientras Edu donaba sangre, Remi, Sirgo y mi padre encontraron un puesto con coches y muchos juguetitos antiguos. Mi hermana venia emocionada diciendo que había sobres sorpresas y para allá me fuí como una loca a rebuscar y comprarme algo. El primer tesoro nostálgico que me compré fue un sobre sorpresa "frutería", aunque también me hice con un bloc de "mariquitas" y con un muñequito que no resistí dejar allí solo :P

El vendedor nos dijo que en la feria del desembalaje de antigüedades, que se hacia desde hace unos años en Octubre, solía llevar más sobres sorpresa. Casi nos aseguró que entonces tendría los de soldaditos de toda la vida, que Edu buscaba para jugar con Alicia a las canicas :)

Así que este finde volvimos a reencontrarnos con el vendedor y llenamos la cesta con algunos sobres sorpresa más :)
Aquí os dejo las fotos de todo. Seguro que volveis conmigo a aquellos años en los que todos eramos niños :)
Y a más de un@ os apetecera decir: ¿Puedo jugar contigo? :)











sábado, 3 de octubre de 2009

EL CEMENTERIO

Hace unos días realizamos una "excursión" al cementerio. Si como lo leéis, al mismísimo campo santo de la ciudad. Y no al moderno y sofisticado cementerio nuevo, sino a "El Sucu" un cementerio visible desde el barrio del Llano y desde dos de las principales entradas a la ciudad.
Y os preguntareis como terminamos de visita en un lugar tan... ¿tétrico?
Era una de esas cosas que nos quedaron pendientes en verano por falta de días, y aprovechando el buen tiempo de este otoño, decidimos llevarla a cabo la primera tarde libre que tuvimos. Tengo que decir que al igual que la visita al Jardín Botánico, fue una idea de Alicia. Y es que su sana curiosidad de niña de 8 años no deja nunca de sorprenderme.

En mayo, volviendo de la piscina, me pregunto que era ese lugar que veíamos todos los días de camino a nuestra casa. Me quedé perpleja cuando me saltó que nunca había estado en uno y que quería que la llevará de visita a este. Mis abuelos y mi madre están incinerados por lo que no tenemos a nadie que visitar ni al que llevar flores, así que planeamos una visita simplemente por el hecho de que mis hijas vieran un cementerio y sus tumbas de cerca.
Llegó el día previsto y ni cortas ni perezosas nos fuimos de excursión junto con mi prima Maribel y sus hijos Luis y Laura. Ninguno de los peques parecía asustado, sino todo lo contrario, estaban ansiosos y felices por la visita.

La zona de acceso al cementerio desde el Llano, está en obras por la remodelación y ampliación de un parque cercano, así que ascendimos cual las cabras, por un terreno inhóspito lleno de piedras y terrones de tierra. Al no ir por el camino "oficial" cuando alcanzamos la verja, llevábamos todos la lengua fuera, aunque la ganas de conocer el lugar eran tantas, que los niños no se quejaron ni un poco por el pedazo caminata que nos habíamos metido.

Una vez dentro, subimos las primeras escaleras y empezamos a recorrer los largos pasillos de nichos.


Fue una visita contra reloj, pues en menos de una hora cerrarían el recinto. Maribel y yo, estábamos todo el rato pendiente de escuchar la sirena que avisa del cierre, no nos fuéramos a quedar encerradas :)
A Luis y Alicia, les llamó la atención una parte del cementerio donde las tumbas son en tierra y todas ellas de pequeño tamaño. Les explicamos que allí estaban enterrados niños y niñas, y enseguida empezaron a curiosear para ver a que edad se habían muerto y esas cosas. Ahora que lo cuento parece un poco morboso, pero la naturalidad con las que ellos pasearon por allí, me hace pensar que los niños están hechos de otra pasta y que somos los mayores con nuestros propios miedos, los que les inculcamos infundados prejuicios :)


Luego subimos a la parte alta donde está la iglesia y la zona de panteones. Desde allí empezamos el descenso, disfrutamos de las vistas de la ciudad, y prometimos volver otro día.

No nos quedó rincón que visitar y a Alicia ningún lugar sin inmortalizar con la cámara del abuelo. La verdad es que he descubierto que tiene "madera" de fotógrafa.









































































































































¿Alguien ha visto a la artista????
Si es que esta niña me termina sacando de pobre!!!! A ver si tengo la nueva Ouka lele en casa y la tengo desaprovechada :)

jueves, 1 de octubre de 2009

RECORDANDO EL VERANO

El verano llegó a su fin, dejándonos con un sabor agridulce en los labios. Por un lado el deseo de querer disfrutar más de la playa, del sol, de las terrazas, de los paseos, y de esos días largos, que a veces se nos hicieron eternos :) Por otro lado, anhelamos volver a la rutina, la misma que en mayo se nos hace ya cansina y que sin embargo en septiembre parece que nuestro cuerpo pide a gritos :)
Resuenan aún en mis oídos el murmullo de la gente en la playa, el sonido de las olas y el jolgorio de los niños jugando con la arena o la pelota. Tengo aún en la retina los atardeceres veraniegos y cada instantánea que "tiré" detrás del objetivo de mi cámara. Mis pies me recuerdan que hace nada caminaban con arena entre los dedos, y mi piel luce todavía un tenue bronceado.


No me puedo quejar, al menos en el norte, porque el otoño a llegado suave. Y aunque los árboles me recuerdan con su tímido deshoje, que el periodo estival tocó a su fin, las temperaturas y el sol, hacen que me resista a darle la vuelta al armario.
Disfrutamos estos días del "veranillo de San Miguel" y este año, puedo asegurar sin ninguna duda, que está haciendo mejor tiempo que muchos días de julio o agosto. Pensar que quizás mañana sea el último día para llevar camiseta de manga corta hasta dentro de muchos meses, me hace echar una mirada atrás y recordar lo mucho que hemos disfrutado de este variopinto verano del 2009.

Como todos los años la primera celebración estival es mi cumple, del que ya hice una entrada fotográfica en este blog, y del que deje aparcada una mención especial para un regalo que me "cayó" por petición propia: un carrito de la compra. Y alguien puede pensar que una es previsora, y veía venir la desaparición de las bolsas de plástico. Pero nada que ver, porque no iban por ahí las cosas.
Mi carrito tenia que ser un poco chic porque iba a ser mi "carrito playero". Y es que después de llevar tanto tiempo una silla de bebé con bolsas y cachivaches colgados por todos lados a la playa, no tenia ni idea como me las iba a arreglar este año. Así que, ante las risas de algunos (esto va pa mi cuñao, jeje) llevé a la práctica una ocurrencia de mi prima Maribel, y no os podéis imaginar lo ligera que iba, sin tener que llevar una mochila a la espalda con las toallas y la ropa de cambio, una bolsa con la merienda, otra con los cubos, palas y demás trastos que conlleva el ir con dos niñas a la playa. Mi hermana dice que terminaré poniéndolo de moda, porque no os figuráis lo práctico que me resultó llevarlo todo organizado dentro del carro :)

Del fin de semana en Puente Viesgo y la visita a Cabárceno ya dio buena cuenta Remi en su blog, así que simplemente decir que lo pasamos muy bien y que esperamos repetirlo cuando Rebeca sea mayor, y las 4 pequeñajas disfruten del parque por igual. ¿Veis lo fácil que resulta crear una disculpa indiscutible para tener que volver? :P
Por otro lado, tuve que cumplir con un compromiso ineludible con mi hija Alicia. Y es que el año pasado, su profesora les recomendó visitar las Noches Mágicas del Botánico, pero ya estábamos fuera de fechas y no pudimos ir. Esta vez, ante el aluvión de peticiones que tiene el espectáculo, fui prevenida y saque las entradas con mucha antelación por internet. Así que mi padre, mis peques y yo, pudimos disfrutar de una noche peculiar y diferente, llena de mitología, plantas y algún que otro susto. La Noche Mágica es una visita nocturna al Botánico Atlántico de la ciudad, donde a eso de las 10:30 de la noche y durante hora y media te adentran en el jardín botánico y disfrutas de pequeñas representaciones, cada vez que nos sale al paso algún ser de la mitología asturiana.
El primero en aparecer fue el Pesadiellu. Ejerció de maestro de ceremonias durante el viaje, nos dio la bienvenida e intento persuadirnos para que no realizásemos el paseo con amenazas y malos augurios. La verdad que son su voz y su siniestra figura (lleva una mano peluda y gigante a la espalda) hizo temblar a más de un niño, y a las mías en particular, las hizo creer que había sido muy mala idea el ir allí. Es más, creo que los primeros 10 minutos los pasaron bastante aterrorizadas :)
Durante todo el trayecto, dos duendecillos traviesos aparecían de la nada. Dando sustos escondidos tras los árboles o haciendo burla a los visitantes encaramados en alguna rama o farola. Conocimos al Diañu Burlón, a la Xana, al Cuelebre, a la Güestia, al Busgosu, al Nuberu y como no, al Trasgu. Al final, las niñas disfrutaron tanto del paseo, que pidieron a gritos repetir el año que viene. Recomiendo la visita, aunque también recuerdo que hasta el peque más valiente puede sentir un miedo atroz :P

Tambíén hubo fines de semana para disfrutar de la piscina y la tranquilidad de la finquina de Remi y otros de descanso en el camping. Desde este último pudimos acercarnos a celebrar el día de Asturias en Cudillero. Allí degustamos sidra y productos autóctonos, y aprovechamos para comprar quesos y llambiotadas varias. Habia muchos talleres artesanales en vivo, aunque el que más nos llamó la atención fue un puesto donde hacian esculturas talladas en cerillas.



Y para acabar igual que empézamos, festejando de nuevo un cumpleaños. Esta vez, era el turno del güelito Alfredo, que sopló las velas rodeado de sus nietas y sobrinos.


Queda constancia de que el verano fué de lo más variopinto y no hubo ni un solo momento para el aburrimiento. Es más, hasta nos falto tiempo para hacer algunas cosas :(

Y aunque deseo como tod@s estrenar los nuevos trapitos de abrigo o disfrutar de una peli en el sofá tapada con una manta y tengo muchisimas ganas de comer castañas asadas, la melancolía se apodera de mí de solo pensar que nos quedan casi 300 dias para volver a disfrutar de la playita y del merecido descanso...

MI VITRINA